Buenas noches, dos puntos:
Pues sí, resulta que de pequeña era una ladrona de guante
blanco. Gracias a Dios me rehabilitaron a tiempo, porque sino a estas alturas
sería una famosa e imparable atracadora de bancos, con un montón de pasta y una
casa en Brasil… ¡Mierda! ¡Mi vida habría sido maravillosa! ¿Por qué tuvieron
que alejarme de la senda del crimen?
Bueno, os voy a contar cómo con tan sólo 3 años, cuando ni
siquiera era consciente de mi propia existencia, empecé mi corta, pero intensa,
carrera delictiva.
Pues estábamos pasando el verano en un camping en Bolnuevo,
cómo solíamos hacer, y me fui con mi madre a la tiendecita del camping a
comprar la comida. Fui con mi madre no porque a mi me apeteciera, sino porque
cómo ya he dicho, tenías 3 años y tenía que ir con mi mamá.
Total, en un momento de despiste de mi madre, que estaba
cogiendo la compra, yo divisé unas chanclas monísimas en una estantería.
Supongo que en aquel momento pensé: “¿Para qué voy a ir con mis chanclas de
mierda, estando aquí mismo estas tan monas?” Así que con todo mi morro me quite
mis chanclas cutres y me puse las nuevas.
Mi madre terminó de comprar y nos fuimos. De pronto, a mitad
de camino, se fijó en mis relucientes chanclas nuevas y me dijo:
- ¡Laura!
¿De dónde has sacado las chanclas?
Y yo, con toda naturalidad:
- De la tienda.
(Es qué mi madre hace cada pregunta más evidente).
Así que volvimos a la tienda y, efectivamente, allí estaban
perfectamente colocaditas en la estantería mis chanclas con roña.
Mañana la segunda parte: “El asalto a la cartera de mi
abuelo” (Es que ese verano tenía la mano muy larga).
Fiiiiiin.