Imitando a Tim Burton, en su libro de poemas "La meláncolica muerte de chico ostra", escribí este bonito poema para mi querida Nat.
Quién iba a pensar
que una inocente velada
iba a desencadenar
semejante drama.
Tras una cena empachosa,
como manda la tradición,
llegó la hora del postre,
deliciosa tentación.
A la chica le entraron ganas
de comer profiteroles,
pero el chef era malvado
y no cumplió sus peticiones.
-El chef está ocupado,
no los puede preparar.
¿Desea usted un helado
con nata montada a rebosar?
-La nata montada
metasela donde le quepa.
¡Esto es un escándalo!
Quiero poner una queja.
La chica puso su queja
y el chef la maldijo:
- ¡Qué tu antojo incumplido aparezca
en la cabeza de tu hijo!
Los años pasaron
y los hechos
de aquella noche
de su cabeza volaron.
La chica quedó embarazada
y la embargó la ilusión,
sin saber que a los nueve meses
recordaría su maldición.
Llegó la hora del parto
y entre contracciones y un gran dolor
se llenó el ambiente
de un delicioso olor
a chocolate caliente.
¡Pobre chica que no satisfizo su antojo!
Quedó horrorizada,
porque su hijo nació con sus ojos
y con la cabeza profiterada.
Moraleja: Si no satisfaces tus antojos tu niño/a será rarito, pero delicioso.
Fiiiiin.