A mí me encantaba, con esa elaborada cancioncilla:
Mami tuvo un pollo y mami una vaca.
Y Papi orgulloso empezó el toma y daca.
Vaca!
Pollo!
Vaca y Pollo!
Con el precioso demonio rojo sin pantalones, que siempre tenía un nombre genial como “Don Pompi Gordo, Señor Culo al aire, Lance sin calzones, General Calzonen Rajaculo, Señora culona”. Si, a veces hacia también de mujer. Y su manera de hablar, alternando gritos con una voz suave, también era perfecta.
La adorable Vaca, con esa vocecilla tan dulce, tan femenina, pesando un quintal, destrozándolo todo a su paso y con sus ubres gigantes en primer plano, y el pequeño pollo con una mala leche impresionante.
Su comida favorita eran los culitos de cerdo con papas, ¿a quién no puede gustarle un culito de cerdo, con rabito enroscado, y patatas fritas? ¿A quién?
En algunos episodios, Vaca se transformaba en “Supervaca” una superheroína que hablaba en mejicano y cuya frase era: ¡Supervaca al rescate! (con acentillo mejicano, ya tu sa).
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También estaban Papá y Mamá, que sólo eran unas piernas y estaban completamente locos.
Los bonicos amigos de pollo, Flem y Earl.
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| Earl y Flem |
Por no hablar de cómo molaban los juguetes de Vaca: Betty sudorosa, el jabalí Ladillas, el castor almorranas y el osito estiércol. (No he encontrado imágenes de ellos, una pena).
En fin, siempre me quedará el recuerdo… ¡y la pedazo de taza que me compré hace poco! ¡Chúpate esa, maldito responsable de suspender la serie!
Fiiiin. (Este fin tan largo que siempre pongo al final de las entradas, también lo decían al final de cada capítulo, un secreto que os regalo).







