Querido diario, dos puntos.
Hemos ido a la sala de los desayunos… ¡y algún desgraciado se lo había comido todo! Qué mala es la gula y que poquita vergüenza y consideración tiene la gente mierda.
Al borde del desmayo por inanición hemos empezado la marcha hacia los Jardines del Boboli. Menos mal que por el camino hemos encontrado una pastelería con cosas deliciosas y hemos podido desayunar en condiciones.
Una vez en el Palacio Pitti, hemos visto el museo de la plata, donde había joyas y señores hechos con conchas. Nos hemos paseado por los jardines del rey, llenos de cuestas, escaleras, estanques, fuentes y estatuas. El rey tenía que tener buenas piernas desde luego. Hemos leído la historia de Verónica, la del barranco ese por el que todo que se acerca, ya sea persona, animal o cosa, se cae con la consecuente muerte.
Por cierto, estaría prohibido darle de comer a los gatos, pero los gatos estaban gordos como lechones. Pues eso, que tiene usted unos jardines preciosos su majestad.
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Jardines del Palacio Pitti |
Al salir, íbamos buscando un sitio para comer y hemos terminado otra vez en la gruta di leo, que nunca defrauda al igual que los murcianos. Allí estaba el mismísimo Leo, con su chaleco, guapísimo. El tiramisú sabía demasiado a café, a pesar de no llevar, y la pannacotta no sé lo que es, lo siento. La madre de Ju hace una mejor con café.
Después hemos hecho un intento de cola en los Uffizzi pero la cosa no avanzaba, así que hemos visto la actuación de los amigos de Ju y luego hemos ido a la Galería, que habíamos quedado con el David de Miguel Ángel, al cual Julia le ha hecho fotos prohibidas.
En la tienda de regalos, una señora le ha dado un cabezazo al cristal de una vitrina y luego no paraba de contárselo a todo el mundo y de partirse el culo, al igual que yo.
Tras parar un momento en la Plaza San Marcos para reconstruirme, nos fuimos a ver el Mercado central, que estaba cerrado, y de ahí al Ponte Vechio, donde estaban todas las joyerías abiertas. Por allí pasó la comparsa de la secta.
También hemos visto la Biblioteca y la basílica de la Santa Croce (creo que era esa), donde estaba el sordo enigmático.
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Basilica de la santa Crocce |
La cena la hemos comprado en una sitio muy chuli de pizzas y nos las hemos comido en la casa como unas señoras.
Ciao!